ESPAÑA SE HUNDE EN SU PROPIA BASURA
Hace poco más de un mes que se cumplieron cinco años del volcán de La Palma; aún hay familias viviendo en barracones. Hace pocos días se cumplieron dos años de la operación DANA; muertos, destrucción y preguntas sin respuesta. Ayer, tres meses de la invasión de Ceuta. Por medio, el apagón que dejó España a oscuras. Y ahora Urda nos recuerda a los muertos de Adamuz.
Las tragedias se amontonan, los homenajes se suceden y los títeres continúan repartiendo promesas, condolencias y fotografías.
Pero el espectáculo más indecente llega después.
Periodistas que deberían fiscalizar al Gobierno y parecen sus abogados defensores. Ciudadanos que encuentran una excusa para cada desastre y un culpable alternativo para cada responsabilidad política.
¿Es amor al partido o gratitud al presupuesto? ¿Cuánto pesa la publicidad institucional en determinadas líneas editoriales? ¿Cuántos chiringuitos, subvenciones, asesorías y cargos dependen de que el títere de turno conserve su sillón?
Y mientras unos esperan justicia, explicaciones o una vivienda digna, otros siguen buscando la manera de justificar lo injustificable.
España no se hunde solamente bajo sus desgracias. También bajo el silencio de quienes cobran por contarlas y la complacencia de quienes prefieren defender a sus títeres antes que exigirles cuentas.